miércoles, 28 de octubre de 2015




 Lo Fundamental Para Hacer Un Buen Uso Del Internet 




La cuestión ética en el Internet consiste en saber si los contenidos, interacciones y productos generados, están contribuyendo al auténtico desarrollo humano y ayudando a las personas y a los pueblos a lograr el bien común que todos buscan.



El Internet es un admirable instrumento tecnológico, el último y más poderoso medio de comunicación que nos permite sortear las barreras del tiempo y el espacio para lograr  comunicarnos entre un gran número, de personas y grupos.




Existen diversos usos que se manifiestan en el límite de la creatividad del ser humano. Por ello,  esta nueva forma de transmitir información no debe estar desprovista del uso ético de la misma. La tecnología no es buena ni mala pero es el uso que se haga de la misma lo que le da sentido y valor.

Debido a esta variedad de conocimientos que ha traído el Internet al mundo es que la ética viene a jugar un papel fundamental, ya que el mal uso puede ser objeto de amenaza desvirtuando el origen y objetivo del Internet: comunicar en el sentido más pasivo de la palabra.
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Un sistema así consagrado tiene su soporte en la moral, no tiene fuerza coactiva ninguna porque pertenece siempre al reino de la libertad.  Es apostar al individuo oficiante de las redes sociales online, y al cuidado de sí mismo y por ende del entorno como respuesta social. El cuidado de sí, es ético en sí mismo; pero implica relaciones complejas con los otros, en la medida en que este éthos de la libertad es también una manera de ocuparse de los otros, decía Foucault.



Para eso, propone Savater, hay tres posturas de vida, las cuales -decimos nosotros- son aplicables perfectamente al entorno digital, y particularmente al de las redes sociales online. Veamos:




1. Coraje para vivir.

Erradicando el miedo, los temores ante el otro, la zancadilla, el descrédito, lo cual suele verse en los muros, o boards  de las redes sociales online donde se prioriza por la descalificación personal del otro en vez de optar por el disenso basado en la confrontación de las ideas.

2. Generosidad para convivir

Eso implica ponerse en el lugar del otro, e intentar desde esa perspectiva ofrecer todas las respuestas a nuestra propia inconformidad con el entorno.

3. Prudencia para sobrevivir


Desarrollando lo mejor de nosotros, creando conciencia tanto de lo que nos hace mejores como de lo que nos pone en riesgo, lo que nos destruye. Ni más ni menos lo que se lee en Macbeth: “Yo me atrevo a lo que se atreve un hombre, quien se atreve a más ya no lo es”.